¡Hola, de nuevo, ELEmaníacos!
Si el período de observación permite al alumno de prácticas analizar el comportamiento pragmático del conjunto estudiantil, además de otras competencias comunicativas, la etapa de participación confirma la regla (o mejor dicho, la expresión) de que "la curiosidad mató al gato".
Llegado el momento, uno siente la necesidad de aventurarse en esa maraña de particularidades pensantes que conforman el aula, de probar con ellos, de pretender asentar la teoría pedagógica asimilada durante el curso del máster en una situación verídica. Puedo asegurar que es el momento más lúdico de la sesión, ¡y que no se malinterprete el adjetivo!
La participación durante las actividades (individuales y grupales) con los alumnos permite poder conocer a cada uno de ellos, académicamente hablando. Se ha de lograr empatizar con las distintas personalidades con el fin de sacar el mayor provecho. No todos los estudiantes son iguales: no todos los alumnos disponen de la misma facilidad de comprensión y este hecho propicia una práctica docente distinta para cada persona. Tal vez esta observación cueste más de advertirse desde la posición delantera del profesor, normalmente localizada justo delante de los aprendientes. Por ello insto a mantener una relación profesor-alumno basada en la proximidad académica; el docente no debe permitirse una posición estática, distante. Ya no sólo por sí mismo, también por los demás. Digo más: recojo el adjetivo antes utilizado para darle veracidad: esta relación profesor-alumno puede llegar a ser de lo más divertido en el aprendizaje de una lengua.
Es posible que, por vez primera, presienta que la frase "lo importante es participar" adquiera ganancias para todo el mundo.
Saludos afectuosos,
Dandi sureño
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